La [introspección] de Aída Labrin en palabras de su hermano

Palabras y entrevista por LADRON

Muchos piensan que Aída es mi gemela, pero la verdad es que nos llevamos 8 años. Ser el hermano mayor en un hogar donde nos enseñaron la virtud de la libertad, para este ascendente en Capricornio, fue inconscientemente querer ser otra figura paterna. Si les preguntan a ella o a Alonso, mi hermano, cuál era la percepción que tenían de mí de niño, seguramente les dirán que era muy serio, disciplinario, hiper-responsable sin que nadie me haya siquiera exigido a ello.

Fue también un gran aprendizaje darme cuenta que nuestra mirada sobre nosotros mismos y la mirada que los otros tienen de uno van cambiando con el tiempo. Y menos mal. Para el bien de todos.

Miraba a Aída como todavía a una niña hasta el año pasado. Ese año, cuando nos vimos para un viaje familiar en Europa, ella terminaba de hacer una maestría en Barcelona en Fotografía de Moda, Publicitaria y Dirección de Arte. Ni bien la vi me di con la imagen de una mujer de 23 años que estudia la selfie como artefacto de expresión y autoafirmación, desde su práctica artística y desde su trabajo de tesis de postgrado.

Esa noche en Venecia lloré en mi cama de alegría. Es bello cuando te das cuenta que no sólo tú creces, sino que tu familia también lo hace. Que el tiempo relativo sigue su curso junto a nosotros. Sólo quedan los hermosos recuerdos, los que si seguimos observando, nos vamos dando cuenta que siempre se van atesorando.

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin

Cómo diría la cineasta Albertina Carri en ‘Los Rubios’: «Si pudiera ser así, como recuerdos, amaría a la humanidad entera, moriría por ella con deleite». Hay dos recuerdos de los que atesoro sobre Aída que quisiera compartir para enmarcar esta nota.  

Recuerdo todavía muy vívido el día en que Aída nos dijo a mí y a Percy, mi mejor amigo de la infancia, lo segura que estaba de estudiar diseño de interiores. Percy y yo contemplábamos en ella, desde un primer momento, un don con la imagen que ambos siempre hemos admirado. Desde adolescente observábamos la capacidad que tenía de componerse a partir de jugar con su mirada sobre ella misma. También recuerdo que ese día se lo dijimos por primera vez. Resulta muy especial compartir nuestra mirada sobre el otro, a ese otro. Es como compartir un poema, un ocaso o una tarde de domingo. Se queda en la sensación volátil del instante compartido. 

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin

Otro de los recuerdos fue cuando en una videollamada que estábamos teniendo Aída, desde Barcelona, y mi prima hermana, Chaska, y yo, desde mi habitación en Lima. 

Aída, durante la conversación, nos compartió que había sido violada de adolescente. A los 16 años. Chaska sólo rompió en llanto y yo traté de agradecerle que nos lo haya compartido. A veces en esos choques de realidad, mi inconsciente rol pseudo-parental irrumpe y quiere remediar las cosas, cuando solamente se me está indicando que las sienta, en el aquí y ahora. 

Recuerdo que ambos le agradecimos a Aída por haberlo compartido. Recuerdo que cuando terminamos la videollamada y Chaska ya no estaba en casa, yo sólo lloraba en mi cama. Sentí impotencia de que a alguien a quien amo le haya sucedido esto y que durante años lo haya transitado sola. Sin su familia. 

No obstante, ahí es cuando me di cuenta del enorme poder que tiene Aída. El poder de sanar a partir de recrear su imagen y de compartirla en una obra fotográfica, la cual nos invita a mirarnos más para seguir reconstruyéndonos y reencontrándonos con nosotros mismos, como seres humanos, como seres que sienten, como comunidad que cambia. Las nuevas generaciones son una oportunidad de autorreflexión y aprendizaje para las anteriores

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin


L: Tu fotolibro tiene de título [introspección]. Es un muy intrigante ensayo visual sobre la automirada como medio para encontrarse. ¿Crees que este llamado a la introspección es algo que como sociedad estamos haciendo? ¿Sobre qué crees que las personas estamos interiorizando ahora? 

A: Creo que siempre lo hemos hecho; todos, sin importar la edad, consciente e inconscientemente, hemos tenido momentos de introspección. Sólo que no siempre ha sido expresada  y/o externalizada.  Me pongo a pensar en la generación de mis padres y cómo fueron criados, el contexto histórico y social que vivieron en ese entonces. Y siento que se vivía mucho del «qué dirá la gente» y cómo todo se desarrollaba entorno a eso.

El plano emocional del individuo, iba de la mano con la mirada juzgadora de la sociedad. Actualmente los seres humanos somos más conscientes de nuestros estados emocionales como individuos, nos detenemos a pensar qué es lo que realmente queremos, qué es lo que nos hace bien, qué es lo que podemos controlar y lo que no, nos dejamos sentir lo que tengamos que sentir sin pensar (tanto) en los demás.

De hecho, siento que nuestra generación se cuestiona mucho más lo ya estipulado socialmente, invitándonos al diálogo interno de lo que precisamos realmente, de lo que nos inculca esta sociedad, de lo que tiene que cambiarse y de lo que podemos hacer para hacer posible el cambio. Creo que la gente ahora piensa más detenidamente en si casarse y tener un hijo, de poder hacer de tu arte tu trabajo, de dar en evidencia la violencia de género, la homofobia y la discriminación para con la comunidad LGTBIQ, entre otra infinidades de temas.


L: ¿Cómo se siente mirarse como una mujer cisgénero en una sociedad machista?

A: Es súper fuerte, creo que siendo mujer cis en una sociedad machista se crece siendo consciente de esa desventaja social jerárquicamente inferior a la posición masculina.  Nuestros cuerpos pasan a ser objetos de consumo masivo y me da rabia e impotencia porque no hay ni una sola mujer que yo conozca que no haya sido abusada sexualmente. 

Por otro lado, estar conscientes nos da poder, porque nos da voz en esta lucha constante contra la opresión social. Hoy en día ya no tenemos miedo de hablar, de corregir los micro-machismos (incluso en la familia). Tenemos sed de cambio y mucho coraje, y nadie nos lo va a quitar.  

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin


L: Es muy poética la narrativa construida en el fotolibro de tu tesis, entre la fruta y la menstruación; o también en la de tu imagen en el reflejo de vidrios, espejos y pantallas.  Háblanos sobre cómo fue el proceso de haber seleccionado estos paralelos conceptuales. 

A: La historia del arte siempre ha estado presente en la construcción de mis creaciones fotográficas, tomo como referencia retratos y bodegones de los períodos del Renacimiento y el Barroco. En muchos de mis autorretratos, la desnudez y la naturaleza muerta son clave como elementos compositivos, enlazando estas referencias artísticas con los temas tabú en mi país: el cuerpo femenino y su censura, la sexualidad y el disfrute sexual femenino; y la estigmatización de la menstruación. En [introspección] muestro mi cuerpo desnudo, hago uso de frutas para hacer alusión a los genitales femeninos, registro mi menstruación en una toalla higiénica. Es un poema de todo lo que no se me ha querido hablar, de dar visualización e invitar al diálogo. 

Quiero resaltar las páginas 8, 9 y 11 porque son súper liberadoras para mí ya que son una metáfora de lo que fue mi violación, que sucedió cuando estaba menstruando. 

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin

A: En otros autorretratos capto mi imagen reflejada, donde logro esta distancia que me permite observarme en otro cuerpo, momento de autoanálisis que marca a mi yo de ese instante en un tiempo y espacio determinado. Como cuando los pintores se autorretrataban observándose sobre superficies refractantes. Me es grato verme en estas superficies porque me da la perspectiva que tiene el otro de mi persona, veo mis expresiones tanto faciales y corporales y cómo habla todo ese conjunto de mí.


L: En el comienzo de tu tesis le dedicas el texto a tu madre y padre, y les agradeces por haberte sacado de lugares oscuros de tu mente. ¿Consideras que dicha oscuridad fue tornándose desdibujada en tus selfies como elementos de expresión fotográfica y emocional? 

A: Siempre he hecho uso del autorretrato como instrumento catártico, lo que no podía plasmar con palabras, lo podía explicar corporalmente en una fotografía. Siento que es un medio terapéutico el permitirse sentir y observarse y poder capturarse en un momento, nos ayuda al autoanálisis (a la introspección como artista y persona). Esa oscuridad era para mí un poco más fácil de llevar gracias a la fotografía.


L: También mencionas una pasada desconexión con tu cuerpo ¿Cómo te sientes ahora en el proceso de reconectar con él? ¿Crees que eso incide en lo que comiences a construir en tu práctica artística? 

A: Sí, tuve una desconexión muy fuerte con mi cuerpo tras sufrir una violación a los 16 años de edad. Mi cuerpo me era ajeno, y el proceso de sanación y reconstrucción fue largo y jodido. Siento que ahora puedo decir que hice las paces con él y conmigo misma. He aprendido a amarlo y cuidarlo con el tiempo. Después de todo, siempre ha sido mi herramienta de trabajo y reconectar con él a través de la fotografía fue bastante lindo. 

Creo que sí, sinceramente cuando me puse a armar [introspección] me di cuenta de que toda la metamorfosis personal también se volcaba y evidenciaba en mi trabajo a lo largo de los años. Todos vamos evolucionando como personas con el tiempo y miramos diferente conforme a los acontecimientos que vivimos.

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin


L: ¿Crees que el futuro del selfie como práctica artística será diferente conforme los conceptos sobre qué consideramos arte vayan evolucionando?  

A: De alguna forma siempre hubo esta evolución de lo que consideramos arte, y la tecnología va siempre de la mano. Pasamos de la pintura a la fotografía analógica, de la fotografía analógica a la digital. En esta última, la llegada de smart-phones y la cámara frontal causó revolución porque hizo posible la selfie, así que no es la excepción. Yo pasé a la selfie por practicidad, porque el celular siempre lo llevo conmigo y porque tiene una calidad de imagen bastante buena.  

Ya depende de qué es lo entendemos por selfie; una selfie puede ser una simple captura de un determinado instante o puede ser un autorretrato con un concepto o una reflexión. No todas las selfies son autorretratos; y por ende, no todas son arte. 

Fotolibro [introspección] de Aída Labrin


L: Siento que tu trabajo recorre mucho la visión de uno mismo como medio y como construcción. ¿Cómo te gustaría verte? ¿Cómo crees que observa la Aída de hoy a la Aída de los próximos años?

A: Creo que la Aída de hoy observa a la Aída del futuro dando todo en sus proyectos personales, involucrando al autorretrato y la autoexploracion/autoexposición pero de la mano con un colectivo de mujeres de todo el mundo que en diferentes ámbitos artísticos expresen este cuestionamiento a una sociedad patriarcal y machista.

Me gustaría verme viajando por todo el mundo, encontrándome con personas que quieran compartir su propia historia, para luego ser plasmada en una imagen.  

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