¿Cómo influye el trauma generacional latinoamericano en los creativos de la región?

El racismo, la migración forzada y los conflictos dentro de los países latinoamericanos han gatillado un trauma que se extiende inadvertidamente de generación en generación. En la actualidad, podemos hablar libremente de este bagaje emocional, y de las maneras en las que la comunidad creativa en Latinoamérica se encuentra haciendo procesos de sanación a través del arte y el diseño. Analizamos este fenómeno y qué artistas latinos se encuentran abrazando este fenómeno social, transformándolo en una oportunidad creativa.

Por Frances Lucar

Somos la generación digital. La que pudo apreciar avances tecnológicos revolucionarios para el desarrollo de nuestra sociedad y, de manera más particular, para el arte y la cultura. También hemos sido nombrados como la “generación de cristal”. Pero, ¿es acaso esto justo? Es interesante dar una mirada al fenómeno de nuestra supuesta “hipersensibilidad” teniendo en mente nuestro contexto geográfico, social y político como latinoamericanos. 

Somos una generación transparente, con artistas de todas las disciplinas usando su creatividad para luchar contra el trauma que llevamos como comunidad colectiva. Preferimos poner las cartas sobre la mesa que escondernos detrás de ellas. Podríamos considerar que en el rubro creativo, es una bendición disfrazada.

La cultura machista, los regímenes dictatoriales, la migración forzada, el racismo y las guerras civiles, que bañan las páginas de nuestros libros de historia,  han dejado heridas a lo largo del camino. Sucesos históricos que han ido dando pie a lo que se conoce como el trauma generacional de los latinos. Un trauma que no es vivido por una persona individualmente, sino una que se extiende inadvertidamente de generación en generación. Un bagaje psicológico causado por experiencias que escapan de nuestras líneas temporales, pero que, de una manera u otra, terminan afectando nuestro bienestar y las maneras en las que vemos el mundo. 

Cada vez más, el reconocimiento de este fenómeno social dentro de nuestras comunidades ha ido en aumento. Lo hemos podido identificar y, de esa manera, hemos podido tener una radiografía de lo que sucede con nuestra salud mental de manera intergeneracional. Sin embargo, en muchas comunidades latinas la salud mental siempre ha venido de la mano con prejuicios y estigmas. Ahora que encontramos nuestra voz, y nuestros medios, las nuevas generaciones se encuentran abriendo el camino para desestigmatizar hablar sobre el trauma generacional latino. Y de manera compleja, más artistas y creativos encuentran la manera de hacer catarsis mediante sus complejidades. 

Artistas como Guadalupe Maravilla, escultor y artista de sonido, encuentran refugio de este bagaje emocional en el arte. Guadalupe huyó de la guerra civil en El Salvador y emigró a los Estados Unidos en 1980. El artista sufrió de cáncer al colon y encontró sanación en el sonido de sus raíces, lejos de la medicina del Oeste. Uno de sus principales aprendizajes dentro de este periodo de catarsis fue que para poder sanar por completo tenía que “sanar  siete generaciones atrás y siete adelante.”

Guadalupe Maravilla

En su instalación “Siete Estómagos Ancestrales” las esculturas e instrumentos se complementan para formar un altar sanador. Los sonidos y materiales de la instalación recorren el camino de desplazamiento que sufrió al cruzar la frontera, un camino recorrido por más de 350 millones de latinos anualmente. Obras como esta crean un sentimiento de reconocimiento y liberación para la audiencia.

Las comunidades latinas, especialmente las migrantes, cargan con un pasado muy doloroso, creando una “mentalidad de sobrevivencia”. A pesar de que algunos no estemos directamente en peligro, sentimos la amenaza manifestada a través de ciertas angustias o comportamientos que percibimos de nuestro entorno. Pero también, nos permite encontrar un sentido de  orgullo y comunidad junto a otros individuos que hayan compartido nuestras mismas vivencias. Un ejemplo de ello es el peruano Marco Castro, cineasta y maquillador, quien utiliza su pasado como motor para narrar la experiencia de ser migrante latino en los Estados Unidos a través de la imagen de moda. La familia de Marco migró, al igual que millones de hispanos, a los Estados Unidos cuando él tenía 10 meses. A los 14 años dejó su casa para criarse en las calles de Nueva York, y fue en la disciplina audiovisual que Marco comienza a contar experiencias similares a la suya, que celebran su trayecto y demuestran cómo su pasado lo impulsó a llegar donde está. El artista celebra el orgullo de ser peruano y las narrativas que retratan las vivencias de nuestra identidad latina en el mundo en el que vivimos.

Somos una generación transparente, con artistas de todas las disciplinas usando su creatividad para luchar contra el trauma que llevamos como comunidad colectiva. Preferimos poner las cartas sobre la mesa que escondernos detrás de ellas. Podríamos considerar que en el rubro creativo, es una bendición disfrazada.

Aunque todavía hay mucho por sanar, los latinos nos relacionamos a través de nuestro arte y nos damos esperanzas de por fin lograr vaciar la maleta emocional que por tantos años hemos cargado. Ser sensible está de moda, y reconocer nuestro bagaje también.

Nuestras experiencias nos forman en las personas que somos y esto se encuentra reflejado en todas las formas del arte. Angelo Castro, diseñador de moda venezolano, representa lo recalcado anteriormente. Mientras la situación en Venezuela empeoraba, Angelo inmigró a Uruguay donde tuvo que  trabajar para poder enviarle dinero a su familia. Hoy su historia toma vida a través de sus diseños. Sus colecciones APORÍA y FLIRT son encarnaciones de su pasado, su estatus migratorio, el conflicto en Venezuela y su sexualidad. El diseñador busca desafiar el racismo, mostrando con orgullo su origen nativo e indígena. Angelo busca romper las reglas invisibles del género y la raza para así poder crear un ambiente realista dentro del mundo de la moda. Uno que desafía estereotipos y etiquetas, donde el cuestionamiento es parte del cambio hacia un mejor futuro. 

Artistas latinoamericanos y la comunidad creativa demuestran ser parte de la nueva generación. La que busca crear espacios seguros donde se puedan entablar conversaciones sobre temas tabúes, estereotipos y estigmas, como el del trauma generacional. Aunque todavía hay mucho por sanar, los latinos nos relacionamos a través de nuestro arte y nos damos esperanzas de por fin lograr vaciar la maleta emocional que por tantos años hemos cargado. Ser sensible está de moda, y reconocer nuestro bagaje también.

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