El jardín de las delicias: La utopía sexual de Wynnie Mynerva

Por Gianfranco Suito
Imagen Juan Pablo Murrugarra

Con su última exposición, la artista contemporánea Wynnie Mynerva, logra traer el espacio íntimo al espacio público. ‘El Jardín de las Delicias’ es lo que su título da a entender: un gran paisaje sexual en el que cuerpos desnudos son libres de interactuar entre ellos y con la naturaleza que los rodea.

Pero el mensaje de Wynnie va más allá de representar el deseo sexual, pues también se encarga de iniciar una conversación en torno a la sexualidad y, de esta forma, crear un espacio seguro.


VIOLENCIA Y SEXO

Toda la obra de la artista visual está relacionada a la sexualidad, y utiliza el arte como medio para que un público más amplio pueda digerir su mensaje, pues como ella nos cuenta: «El arte es como un velo que puede ayudarte a ver las cosas de una forma más ligera, pero internada con la realidad a la vez. Como una película donde uno no sabe si es documental o ficción».

Desde su graduación de la Escuela de Bellas Artes, hace más de dos años, ha tenido otras dos exposiciones: ‘El Otrx Sexo’ y ‘Sex Machine’. «Las anteriores exposiciones se nutrían mucho más del ruido, de recuerdos dolorosos, de una pulsión que no necesariamente terminaba en un goce completo. No era del éxtasis, esta sí».

Fotografía Gianfranco Suito

Wynnie recuerda el barrio en el que nació, y cuenta que la prostitución era un oficio común de familias enteras en condiciones insalubres. «Yo crecí en Villa El Salvador, en donde existe mucha ilegalidad, mucha violencia, y en donde los cuerpos no son cuerpos libres, sino son cuerpos violentados». En contraposición a eso, nace una exposición en donde ella trata de presentar a los cuerpos consagrándose y gozando de su propio espacio. De esta forma, ‘El Jardín de las Delicias’ se establece como una obra de liberación para tomar un respiro antes de continuar procesando la lucha interna alrededor de la violencia y el sexo.

Fotografía Gianfranco Suito


ALIADA DEL FEMINISMO

Una de las grandes maravillas del arte es que permite generar conexiones que rompen barreras. Para Wynnie, es importante exponer su intimidad tal y como es, sin intentar representar a nadie, pero esperando que mucha gente se sienta identificada. «Mi nivel de conciencia se activó cuando me di cuenta que ser mujer (en esta sociedad) era negarse posibilidades y formas de vivir mi vida».

No fue sorpresa cuando empezaron a llover las críticas, muchas veces acompañadas de insultos y amenazas: «Creo que la vida ha sido mucho más dura conmigo que un mensaje en internet de gente que no conozco, no quiero y no aprecio. He aprendido a entender que no se trata de mí: se trata de mucha gente, de muchas mujeres. Yo termino siendo una unidad, una más de una gran problemática».

Y esta problemática sigue creciendo: el 2019 establece una cifra récord de feminicidios (165), y en tan solo dos meses del 2020, ya se han registrado 30 casos de mujeres asesinadas. Ella no solo reconoce sus condiciones como ser humano dentro de una sociedad no equitativa, sino que también lucha desde el cotidiano y da su aporte para cambiar esta situación.

Fotografía Gianfranco Suito


UTOPÍA SEXUAL

Al vivir en un país conservador en donde la sexualidad sigue siendo un tema tabú, es difícil imaginarnos un espacio para conversar sobre la sexualidad libremente. Sin embargo, ‘El Jardín de las Delicias’ crea una especie de utopía sexual: la búsqueda del goce absoluto en donde la gente pueda llevar sus fantasías a realidades cercanas y compartirlas con la gente, pero con completa confianza y seguridad. Esto trasciende lo sexual, y ahí recae la importancia de estos espacios, o como dice Wynnie: «Cuanto me hubiera gustado iniciarme en el sexo viendo exposiciones así; regresar en el tiempo y recrear esa primera experiencia. Esa primera experiencia no existe no solo en mí, sino no existe en mucha gente de mi generación, probablemente en todo mi barrio, y en muchos distritos, y en todo el Perú».

Fotografía Gianfranco Suito

El miedo, la desinformación y el estigma: grandes obstáculos que evitan que la educación sexual sea una adecuada, pues un estudio reciente que analizó la política vigente de la Educación Sexual Integral (ESI) indica que no se cumplen con los estándares internacionales establecidos por las Naciones Unidas (Guttmacher Institute, Universidad Peruana Cayetano Heredia). «Más que una exposición de arte, es como una terapia: verlos a ellos es como decir: ‘mira, del sexo se pueden hacer otras cosas’, y pueden existir otros momentos».

Fotografía Flor Malca


JARDÍN DE LAS DELICIAS

El espacio estaba ambientado como un jardín celestial: pasto sintético, paredes pintadas de rosado con flores grabadas, y una gran pintura extendida. La pintura más pequeña estaba colocada en medio de un trazo amarillo de la figura de sus labios vaginales. La más grande es como una reinterpretación de la obra del mismo nombre por el Hieronymus Bosch, en la cual se muestra un panorama fluido, donde la naturaleza interactúa con la naturaleza: personas penetrando, chupando, rascando, jugando; al lado animales observando e interactuando con ellos. «No sé si el río quiere ser río y siente ser río, solo es río y fluye. Esto es eso. Como un cuerpo que busca placer. Los animales y las plantas no necesariamente remiten a lo biológico, pero sí al encuentro con nuestra propia naturaleza. Aquí es un paisaje desierto, como que termina en Villa El Salvador, y por allá comienza en una cosa que es más rural, verde».

Todas sus exposiciones desafían los límites de lo normativo, pero esta lo hizo aún más con el performance realizado en la inauguración. Dentro de unas bolsas de látex —solo se veía desde dentro—, personas estaban teniendo sexo o masturbándose. Wynnie cuenta que al inicio se formó una especie de separación, pero una vez que ella se sentó al lado de esas «esculturas móviles«, las personas perdieron el miedo y estuvieron comiendo, tomando y hablando alrededor. «Es lo extraño de las exposiciones cuando trabajas con gente; no sabes exactamente lo que va a pasar».

Fue, realmente, un gran escenario sexual en el que todos se volvieron parte del performance. «Había muchas cosas. Gemidos, olores… olía a semen, a sudor. Se escuchaban cosas, se veían las poses cuando cambiaban. La gente trataba de mantener la compostura, trataban de disimular que algo ahí no sucedía. Yo a veces me reía, porque, realmente, la exposición ha sido un gran morbo».

Nuevamente, eso logra evidenciar el estigma alrededor del sexo, pues ni los performers son contratados, sino simplemente invitados y lo hacen por el puro gusto. Asimismo, se puede hablar de la desinformación y confusión entre símbolos: qué es sexo y qué es una imagen de personas teniendo sexo. «Nadie se da tiempo de pensar cuál posición propia tiene», comenta Wynnie, haciendo referencia a la falta de un cuestionamiento e investigación individual frente a lo que dicta nuestra sociedad.

Quiero que eso se lleven —como un buen calentamiento— y que eso se extienda en sus placeres propios, sus fetiches, sus deseos. Que no tengan miedo a experimentar y ser. Además, a romper barreras. Me gusta tanto esta exposición porque por primera vez he conseguido que el cotidiano que está detrás en los cuartos, sea expuesto. Deja de ser espacio íntimo para convertirse en espacio público, y eso hace que uno pueda empezar a discutir qué es el espacio íntimo. ¿Cómo yo pienso en mi espacio íntimo frente a este que se me está presentando?»

‘El Jardín de las Delicias’ estará en el Museo Amano hasta el 18 de marzo. Wynnie Mynerva invita a cualquier persona que desee participar del performance en la clausura, a comunicarse con ella y, de esa forma, ser parte de este paraíso de placer.

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