Hay marcas que llegan en el momento correcto y otras que ayudan a construir ese momento. Tras su fallecimiento, hoy recordamos el legado de Stephany Hollihan para la moda ecuatoriana y latinoamericana.
Mucho antes de que la artesanía latinoamericana se convirtiera en uno de los lenguajes más visibles de la moda global, la diseñadora ecuatoriana entendió que mirar hacia adentro también podía ser una forma de salir al mundo. Porque hoy hablar de moda latinoamericana dentro de la industria global parece casi natural.
Diseñadores de Colombia, Perú, México, Brasil o Argentina ocupan editoriales internacionales, venden en algunos de los retailers más importantes del mundo y han convertido técnicas, materiales y códigos culturales de la región en parte de una conversación contemporánea sobre diseño. Pero en 2010 el escenario era bastante distinto.
Ese año, la ecuatoriana Stephany Hollihan fundó Sensi Studio desde Guayaquil con una idea que, vista desde 2026, parece evidente pero entonces no lo era tanto. Una marca podía ser profundamente ecuatoriana y a la par, tener proyección global.
Su fallecimiento obliga hoy a mirar una trayectoria que terminó mucho antes de lo que debía. Pero reducir la historia de Stephany Hollihan a la noticia de su muerte sería perder de vista lo verdaderamente importante. Lo que alcanzó a construir.

Stephany Hollihan antes de Sensi Studio
Hollihan estudió Diseño de Moda y Brand Management en Istituto Marangoni, en Milán. Después pasó por Miami, donde trabajó junto al diseñador alemán Tomas Maier. En todo ese proceso de formación, Stephany aprendió a entender los códigos de la industria internacional antes de regresar a Ecuador.
Y cuando regresó, encontró el punto de partida prácticamente frente a ella.
La paja toquilla y el llamado Panama hat, un objeto que el mundo conoce por el nombre de otro país (aunque su origen y elaboración sean ecuatorianos) se convirtieron en el primer territorio de experimentación de la marca. La diseñadora veía un oficio extraordinario, pero también un producto que permanecía asociado a formas bastante tradicionales. Su intención fue darle otro lenguaje.
Sensi Studio nació en 2010 como una suerte de laboratorio de diseño. Su primera colección estuvo compuesta por apenas 12 sombreros de paja toquilla, que la diseñadora llevó directamente a showrooms multimarca en Nueva York y Milán. Desde el inicio, según recordaría ella misma años después, la visión era global.
Cuando aún no existía el boom
Pongamos las fechas en perspectiva. En enero de 2012, apenas dos años después de la creación de Sensi Studio, Interview Magazine ya describía la propuesta de la guayaquileña como una reinterpretación del estilo ecuatoriano para un mercado internacional.
En 2014, Vogue US escribía desde Guayaquil sobre aquella marca de accesorios producidos enteramente por artesanos locales. Para entonces Sensi Studio ya podía encontrarse en retailers como Net-a-Porter y Tomas Maier.
Y eso ocurrió hace más de una década. Porque hoy existe una audiencia internacional mucho más entrenada para entender términos como Latin American design, artesanía contemporánea, trazabilidad, trabajo manual o preservación de técnicas ancestrales. Incluso existe un mercado que activamente las busca.
Stephany empezó a trabajar con muchos de esos códigos antes de que se convirtieran en códigos comerciales globales.
No inventó la artesanía ecuatoriana, por supuesto. No sería correcto reducir siglos de conocimiento artesanal a la historia de una diseñadora. Lo que sí hizo fue entender muy temprano cómo construir un puente entre ese conocimiento y el sistema internacional de la moda. Y eso es otra cosa.
No era vender artesanía. Era construir una marca
Por ello, Sensi Studio nunca se quedó únicamente en el Panama hat. Llegaron los bolsos, accesorios y posteriormente el ready-to-wear. Con los años, el proyecto terminó construyendo un universo completo alrededor de una idea de verano, viaje y resortwear que resultaba reconocible incluso antes de mirar la etiqueta.
Color, fibras naturales, bordados, tejidos manuales y toques de irreverencia tropical convivían dentro de una estética que no intentaba parecer europea ni estadounidense para ser considerada lujo.
Para 2017, Sensi Studio ya estaba presente en más de 15 países y comercializaba sus productos en Japón, Estados Unidos, Australia e Italia, además de retailers internacionales como Net-a-Porter y Moda Operandi.
Títulos internacionales destacarían posteriormente la relación de la marca con comunidades artesanas ecuatorianas, especialmente mujeres de la región andina, además de poner el foco en otro problema que Hollihan había identificado al regresar a su país: algunas técnicas tradicionales de tejido estaban desapareciendo.
La ecuación que construyó Sensi era interesante precisamente porque no obligaba a elegir. Artesanía y moda. Tradición y tendencia. Ecuador y mercado internacional. Sino que todo podía existir dentro del mismo producto.
Una marca ecuatoriana en las vitrinas del mundo
Para mi hay algo particularmente poderoso en volver a leer hoy aquel artículo que Vogue publicó sobre Sensi Studio en 2014. No porque aparecer en Vogue sea la medida definitiva del éxito de una marca, sino por lo que significaba entonces encontrar una historia sobre diseño contemporáneo ecuatoriano dentro de una de las plataformas más influyentes de la industria global.
El titular terminaba con una frase bastante sencilla: “From Ecuador, With Love.”
Detrás había una diseñadora trabajando desde Guayaquil con artesanos ecuatorianos y consiguiendo que esas piezas convivieran comercialmente con marcas procedentes de industrias mucho más consolidadas.
Sensi Studio continúa hoy en Net-a-Porter, donde la descripción de la marca sigue poniendo en primer plano justamente esa combinación entre técnicas tradicionales de tejido en paja toquilla y una mirada contemporánea. Quizá ahora resulte menos extraordinario pero, nuevamente, en 2010 no lo era.
Pero ojo. Stephany tampoco entendía la preservación como la obligación de mantener un objeto congelado en el tiempo, y ahí probablemente estuvo también una de sus intuiciones más importantes. Ella empezó a darle nuevos usos a la técnica, para que siguiera siendo relevante.
Nuevas siluetas, colores, proporciones y categorías. Y ese laboratorio seguía expandiéndose hasta hace muy poco, pues en 2026 Hollihan trabajó junto a la arquitecta Jannina Cabal en una colección de mobiliario que trasladaba fibras naturales y tejido manual (habituales en los accesorios de Sensi) hacia objetos de interiorismo.
Lo que queda después de Stephany Hollihan
La industria latinoamericana atraviesa un momento completamente diferente al que recibió a Sensi Studio en 2010.
Hoy hay más plataformas, compradores, medios y consumidores mirando hacia esta parte del mundo. Existe también una generación de marcas que ha entendido que competir internacionalmente no necesariamente significa neutralizar su procedencia.
Pero, esos cambios tampoco aparecen de la nada, sino que también se construyen a partir de diseñadores que salen primero, prueban mercados, entran a showrooms, convencen compradores y demuestran que desde países históricamente periféricos dentro del sistema de la moda también pueden construirse marcas globales. Y Stephany Hollihan fue una de esas figuras para Ecuador.
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