Por Majo Mundaca Zagal

La artista Sheila Hicks reinterpreta el icónico bolso desde una mirada textil para el debut de Anderson en Dior Summer 2026.

La primera colección de Jonathan Anderson como director creativo de Dior trajo una colaboración inesperada, poderosa y silenciosamente política.

El icónico bolso Lady Dior fue reimaginado por la artista textil estadounidense Sheila Hicks, quien lo transformó en una pieza tejida a mano, hecha a partir de técnicas que remiten al altiplano andino. Una apuesta que no solo sacude el código clásico de la firma, sino que abre preguntas sobre apropiación, memoria y geopolítica del diseño.

¿Quién es Sheila Hicks?

Sheila Hicks es considerada la artista textil más importante del mundo. Si bien estudió en Yale con Josef Albers –figura crucial en el arte moderno y la educación artística–, su formación más profunda la hizo viajando y observando. En los años 50 vivió en Chile, donde conectó con comunidades indígenas mapuche y quechua, y documentó —desde un lugar de escucha y reverencia— sus saberes textiles. “En Perú encontré que las mujeres tejían para comunicarse”, diría más tarde. Su obra no solo tiene una dimensión plástica, sino antropológica.

Más que una apropiación, su trabajo se considera una exploración y homenaje a las tradiciones textiles precolombinas, especialmente las andinas. Hicks reconoce públicamente estas influencias, las incorpora en su obra y establece un diálogo cultural a través de sus creaciones. Mediante el hilo, Hicks construye un lenguaje que tiene tanto de antropología como de arte contemporáneo. Y ahora, Dior le da cuerpo comercial a ese lenguaje (ojo con esto último).


En lugar de cuero pulido, el nuevo Lady Dior se cubre de urdimbres de colores, nudos y texturas que evocan lo artesanal. No hay grandes logos. No hay branding agresivo. Hay gesto, hay trama, hay peso simbólico.

Lo que antes era un bolso símbolo del lujo europeo, se convierte en un objeto que evoca a las chullos de Cusco, los ponchos de Oruro o las cuerdas y nudos de los quipus.

Jonathan Anderson, que viene de un universo artesanal en Loewe, abre su etapa en Dior con una colaboración que no grita “latinoamérica”, pero la evoca con una sensibilidad más matérica que literal. No hay exotismo, hay traducción.

¿Y Dior, por qué no lo dice?

Aunque Dior no explica públicamente estas referencias, el uso de técnicas y texturas inspiradas en las tradiciones textiles andinas —sin nombrarlas— abre una discusión incómoda pero necesaria: ¿Puede una marca global capitalizar la estética de lo ancestral sin reconocerlo? ¿Qué sucede cuando el lujo traduce lo indígena sin decirlo? ¿De quién son las técnicas, los gestos, los hilos?

Quienes conocen la obra de Hicks y su vínculo con la cultura andina, entienden que este no es solo un bolso lindo. Entonces, sí, está hecho con respeto por una artista profundamente conectada con estos saberes. Pero también es un producto de lujo que entra al mercado sin nombrar de manera directa las culturas que lo inspiran.

Y ahí, en ese silencio, también hay política.

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