Ella es la peruana galardonada por Rolex que busca regenerar la Amazonía, empezando por sus abejas

Rolex lleva 50 años premiando algo que no tiene mucho que ver con relojes. La bióloga química Rosa Vásquez Espinoza ha sido reconocida en los Premios Rolex 2026 ¿Su proyecto? Crear un corredor protegido para las abejas sin aguijón y convertir a uno de los habitantes más pequeños de la Amazonía en aliado para regenerar el bosque.

Por Majo Mundaca Zagal

En 1976, para celebrar los 50 años del Oyster, el icónico reloj hermético que Rolex había presentado en 1926, la firma suiza creó los Premios Rolex a la Iniciativa. En lugar de limitarse a conmemorar un hito relojero, decidió trasladar a otros campos el espíritu de exploración, ingenio y determinación que había acompañado al Oyster desde sus orígenes. Así nació un programa pensado para respaldar a personas detrás de proyectos capaces de generar cambios reales en el mundo. Lo que inicialmente iba a ser una celebración puntual terminó convirtiéndose en una iniciativa global que, medio siglo después, ha reconocido 160 proyectos vinculados a ciencia, conservación, tecnología, exploración y protección del planeta. 

Para ayudar a regenerar uno de los bosques más grandes del planeta, Rosa decidió empezar por uno de sus habitantes más pequeños.

En 2026, una peruana está entre sus galardonados. Su nombre es Rosa Vásquez Espinoza y su campo de trabajo está bastante lejos de Ginebra: en lo profundo de la Amazonía.

Bióloga química, exploradora de National Geographic y fundadora de Amazon Research Internacional (ARI), Rosa lleva años estudiando y protegiendo a las abejas nativas sin aguijón de la Amazonía, diminutos polinizadores cuyo trabajo resulta fundamental para mantener la biodiversidad y permitir que el bosque continúe regenerándose.


Ahora Rolex está respaldando su siguiente paso: crear un corredor protegido para estas abejas, conectando comunidades y zonas de conservación para permitir que sus poblaciones prosperen y, con ellas, también lo haga la selva.

La idea es sorprendentemente sencilla: para ayudar a regenerar uno de los bosques más grandes del planeta, Rosa decidió empezar por uno de sus habitantes más pequeños. Pero para entender por qué proteger una abeja puede significar proteger un bosque hay que mirar bastante más allá de la miel.


Las pequeñas arquitectas del Amazonas

Las abejas sin aguijón, pertenecientes a la tribu Meliponini, son polinizadores esenciales de los ecosistemas amazónicos. Su trabajo ayuda a sostener la biodiversidad, la regeneración de los bosques e incluso la productividad agrícola y los medios de vida de comunidades indígenas.

El problema es que también están perdiendo aquello que necesitan para sobrevivir.

La deforestación y la tala eliminan los árboles donde muchas especies construyen sus nidos, mientras la fragmentación del hábitat, el cambio climático y el uso inadecuado de pesticidas continúan aumentando la presión sobre sus poblaciones.

El proyecto de Vásquez Espinoza plantea responder a ese problema a escala de paisaje: crear un corredor protegido para las abejas sin aguijón, conectando comunidades y zonas de conservación para que estos polinizadores puedan prosperar y, al hacerlo, contribuir a regenerar el bosque que los rodea.

La lógica es casi circular: proteger a las abejas para que las abejas ayuden a proteger la Amazonía.



Ciencia occidental, conocimiento amazónico

Hay otro elemento que vuelve particularmente interesante el trabajo de Rosa: su manera de entender quién produce conocimiento.

A través de Amazon Research Internacional (ARI), organización que fundó en Perú, la científica trabaja junto a comunidades indígenas, investigadores, líderes locales y expertos para combinar investigación científica contemporánea con conocimientos que llevan generaciones desarrollándose dentro del propio territorio amazónico.

No se trata únicamente de llegar a la selva, estudiar una especie y regresar al laboratorio. La investigación se diseña junto a quienes viven en el bosque.

ARI trabaja actualmente en programas que van desde el mapeo de especies y análisis de miel de abejas sin aguijón hasta meliponicultura liderada por mujeres, restauración de ecosistemas, jardines medicinales y protección jurídica de la naturaleza.

Y los resultados ya han comenzado a salir del laboratorio. En 2025, Perú promulgó la Ley 32235, una legislación que establece protección para las abejas nativas sin aguijón y reconoce su importancia para la biodiversidad y los ecosistemas. El trabajo científico desarrollado alrededor de estas especies ha contribuido a construir la evidencia necesaria para impulsar su conservación.


22 millones de abejas después

Amazon Research Internacional (ARI) estima que su trabajo ha permitido proteger ya a más de 22 millones de abejas.

Pero posiblemente el número más interesante no sea ese. Detrás de cada colmena existe también una red humana: meliponicultores, científicos, mujeres indígenas, líderes comunitarios y familias para quienes conservar una especie puede convertirse también en una oportunidad de preservar conocimientos tradicionales y generar medios de vida vinculados a un bosque vivo.


Uno de los programas de ARI trabaja específicamente con mujeres indígenas a través de la meliponicultura, fortaleciendo simultáneamente la conservación de la biodiversidad, la transmisión de saberes y las posibilidades de independencia económica. Y es justamente ahí donde el proyecto deja de ser una historia únicamente sobre insectos.



Un Premio Rolex para ampliar el corredor

Desde su creación en 1976, los Premios Rolex a la Iniciativa apoyan proyectos que buscan responder a grandes desafíos mediante propuestas con potencial de impacto a largo plazo. La selección de la peruana Rosa Vásquez Espinoza en la edición 2026 permitirá llevar el trabajo que viene desarrollando con las abejas amazónicas a una nueva escala.

La intención es construir una red de protección que no piense en colmenas aisladas, sino en corredores vivos capaces de conectar abejas, plantas, comunidades y bosque.

Durante décadas, la conversación alrededor de la Amazonía se ha construido a partir de su inmensidad: millones de hectáreas, grandes ríos, árboles monumentales y cifras igualmente monumentales de deforestación.

Rosa Vásquez Espinoza propone observarla desde el extremo contrario. Desde una abeja que no tiene aguijón.

Porque a veces, para intentar salvar uno de los ecosistemas más grandes del planeta, hay que empezar prestándole atención a algunas de sus habitantes más pequeñas.

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