Renata Flores pisó el escenario de la Quinta Vergara, marcando un nuevo hito en la música peruana. A sus 23 años, la joven artista fusiona el quechua con sonidos contemporáneos, proyectando al mundo una identidad que trasciende fronteras.
Por Itzari Briceño
Renata Flores no solo debutó en la Quinta Vergara durante el Festival de Viña del Mar 2025, sino que lo hizo con toda una declaración de identidad. Su interpretación de «Kuti Tika» llevó el quechua a uno de los escenarios más importantes de la música latina, en una puesta en escena que fusionó tradición y modernidad para contar una historia de resistencia y renovación cultural.
Desde su clasificación en la competencia folclórica, Flores generó gran expectativa al representar a Perú con un tema que entrelaza ritmos contemporáneos y sonoridades andinas. «El quechua es un idioma poético, cargado de historia y significado. Creo que es fundamental que las lenguas originarias tengan más espacios en festivales como Viña y otros escenarios internacionales», afirmó la cantante.
Su interpretación cautivó tanto al público como a la crítica, consolidándola como una de las artistas más innovadoras de la escena peruana. Aunque su primera presentación recibió una votación menor del público, la artista destacó el respaldo de figuras como Bacilos y Julio Pereda.
Un vestuario que habla de historia y resistencia
Uno de los aspectos más llamativos de su paso por Viña fue el atuendo que lució en la alfombra roja del domingo 23. Flores combinó un corset y pantalón acampanado de denim negro con una colorida tela bordada al estilo ayacuchano y joyería inspirada en diseños prehispánicos. Además, llevó consigo una ondulada tabla de Sarwa, diseñada por el artista Fray Luis Ramos Berrocal, que representaba la historia de Ayacucho. Esta pieza textil, elaborada con técnicas ancestrales, simboliza la cosmovisión andina y la resistencia de los pueblos indígenas frente a la violencia y el abandono estatal. “Me traje un pedacito de mi gente y de mi historia”, afirmó Flores.
Para su presentación en el escenario de la Quinta Vergara, la artista eligió un vestuario que, al igual que su música, funcionó como un manifiesto cultural. «Nos hemos esmerado muchísimo para que se pueda sentir el Perú en los trajes, en los significados de cada parte de los símbolos incas y preincas», explicó. Uno de los elementos más representativos fue el gorro Wari, una réplica de una pieza preincaica que se encuentra en un museo de Ayacucho. «Siempre lo llevo conmigo porque es parte de sentirme representada, de recordar de dónde vengo y quién soy», señaló.
Más allá de la estética, el vestuario de Flores en el escenario fue una declaración política y social. A través de los textiles, colores y símbolos bordados, la artista no solo celebró la riqueza cultural andina, sino que también visibilizó la lucha de los pueblos originarios en un contexto de crisis política y social en el Perú.
Renata Flores no solo llevó su música a Viña del Mar 2025, sino también un mensaje de resistencia y orgullo cultural. Su interpretación de «Kuti Tika» marcó un hito en la competencia, demostrando que el quechua puede resonar con fuerza en cualquier escenario.




