Lo que aprendí sobre el vino peruano en una cata de Bodega Murga

Durante una cata dirigida por Pietra Possamai, exploramos seis etiquetas de Bodega Murga y terminamos reflexionando sobre vino natural, cepas criollas, identidad y el futuro del vino peruano.

Por Majo Mundaca Zagal

Hay una idea que me quedó dando vueltas después de una cata dirigida por Pietra Possamai, enóloga de Bodega Murga y recientemente reconocida como Young Winemaker of the Year por el crítico británico Tim Atkin: ¿y si el problema nunca fue el vino peruano?

Durante mucho tiempo, la conversación sobre vino pareció girar alrededor de referentes extranjeros: un Malbec argentino, un Cabernet chileno o un Tempranillo español. Hablamos de ellos con familiaridad, pero rara vez nos detenemos a pensar qué significa realmente un vino peruano.

La noche comenzó como cualquier otra cata. Seis etiquetas reconocidas en la Guía Descorchados 2026, una mesa de copas y una conversación sobre procesos. Pero terminó convirtiéndose en algo más interesante: una reflexión sobre identidad, estandarización y la forma en la que hemos aprendido a entender el vino.


Lección #1: El vino no tiene porqué saber igual todos los años

Gran parte de lo que entendemos como calidad en el vino está asociado a la consistencia. Esperamos que una botella sepa igual hoy, mañana y dentro de cinco años.

Pero durante la conversación, Pietra compartió un dato que ayuda a entender por qué tal vez pensamos así. El vino es la única bebida que puede incorporar más de 100 agregados durante su elaboración. La posibilidad de corregir, estabilizar o ajustar el producto final ha contribuido a crear vinos cada vez más previsibles y homogéneos.

La industrialización acostumbró al consumidor a perfiles estables. Sin embargo, cuando se trabaja con mínima intervención, la naturaleza vuelve a entrar en la ecuación. La fruta cambia. La cosecha cambia. La temperatura cambia. El clima cambia. Entonces el vino también cambia.

Lo que para algunos podría parecer una inconsistencia, para productores como Murga es justamente parte de la gracia. La posibilidad de que cada cosecha cuente una historia distinta.

En un mundo acostumbrado a la repetición, me parece interesante pensar que un vino pueda expresar las diferencias de cada año en lugar de ocultarlas.


Lección #2: Natural no significa defectuoso

Durante años, el auge del vino natural estuvo acompañado de ciertos prejuicios. Uno de ellos era asumir que cualquier desviación podía justificarse bajo la etiqueta de «natural». Pero la conversación con Pietra dejó algo claro: «El hecho que sea un vino natural no significa que tenga defectos».

Al contrario, significa ser todavía más cuidadoso. Desde la selección de materiales hasta los procesos de crianza, la filosofía de la bodega parece construirse sobre una idea de pureza radical. Tanques, ánforas, barricas y hasta los corchos son seleccionados bajo estándares extremadamente específicos para evitar contaminaciones o interferencias que alteren la expresión del vino.

La uva puede hacer su propio camino, pero eso no significa dejar todo al azar.


Lección #3: Menos alcohol, más estructura

Otra de las ideas que desafía ciertas convenciones es la relación entre potencia y calidad. Existe la percepción de que un gran vino tinto debe ser pesado, concentrado y superar fácilmente los 14 o 15 grados de alcohol.

Murga demuestra lo contrario. Es posible construir estructura, complejidad y profundidad sin depender del peso alcohólico. De hecho, el carácter puede venir de otro lugar y tal vez eso explique por qué sus vinos se sienten tan contemporáneos: menos dominados por la fuerza y más enfocados en la expresión de la fruta y el entorno.


Lección #4: La creación de un lenguaje local

Si Argentina tiene el Malbec y Chile tiene el Carmenere, ¿qué tiene Perú? La respuesta podría estar en las cepas criollas: variedades que llegaron desde el exterior hace siglos y que, con el tiempo, se adaptaron al territorio peruano hasta convertirse en algo propio. Mollar. Negra Criolla. Albilla. Quebranta.

Esta última ocupa un lugar especialmente interesante. La Quebranta, considerada la única uva verdaderamente peruana, es fascinante precisamente porque no es una variedad «pura». Nace del cruce natural entre la Mollar y la Negra Criolla, es decir, la uva más representativa del Perú nace del mestizaje.

Quizás no exista una metáfora más precisa para entender la identidad peruana.

Y precisamente ahí puede estar uno de los desafíos más importantes para el futuro del vino peruano: construir un lenguaje propio. Porque mientras sigamos intentando compararnos con otros países usando sus mismas referencias, será difícil entender qué nos hace diferentes.


Lección #5: Una industria pequeña que piensa en grande

En una época donde muchas bodegas producen millones de botellas al año, Murga trabaja en una escala completamente distinta. La producción es limitada, artesanal y obsesivamente curada.

Eso no ha impedido que sus vinos lleguen a restaurantes de ciudades como Nueva York, Madrid, Barcelona, Zúrich o Dubái, ni que participen en ferias internacionales especializadas como RAW Wine en Berlín o Tokio.

Tampoco ha impedido que Duermevela 2023 fuera reconocido como el mejor vino blanco del reporte Perú y Bolivia 2026 de Tim Atkin, mientras Pietra Possamai recibía el reconocimiento a la mejor joven enóloga del año.


Lección #6: El vino peruano no necesita parecerse a nadie

Tal vez estamos viviendo algo parecido a un despertar. No porque el vino peruano haya aparecido de repente, sino porque recién estamos empezando a prestarle atención.

Después de esta cata me quedó claro que la conversación ya no gira únicamente alrededor de producir buenos vinos. También gira alrededor de recuperar cepas históricas, construir identidad y replantear algunas de las reglas que durante años parecían incuestionables.

Durante años hemos mirado hacia afuera para validar lo que hacemos. En el vino, eso se traduce a mirar en su mayoría hacia Francia, Argentina, Italia o Chile. Entonces la pregunta correcta no es cómo replicar referentes ajenos, sino qué sucede cuando entendemos que nuestro diferencial está justamente en aquello que solo existe aquí. Quizás ahí empieza la verdadera conversación sobre el vino peruano y lo peruano en sí como el resultado de cruces, adaptaciones y mezclas que terminaron construyendo algo único.

Lo que aprendí sobre el vino peruano en una cata de Bodega Murga
Bodega Murga en Valle del Pisco
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