¿El fin del proceso íntimo? Conversamos con 3 artistas sobre crear en tiempos de sobreexposición

En una época donde crear también implica documentar, publicar y mantenerse visible, el proceso creativo parece tener cada vez menos espacio para la intimidad. Conversamos con artistas de distintas partes del mundo sobre cómo construyen una voz propia en medio de la sobreexposición, la saturación visual y la presión constante de las redes sociales. 

Por Valeria Mesía

Hay días en los que el celular se siente menos como un objeto, y más como una extensión de nuestra mente. Nos despertamos viéndolo, trabajamos usándolo, nos distraemos con él y, en algún momento entre correos, Instagram, TikTok, Pinterest y mensajes sin responder, todos hemos pensado alguna vez cómo sería simplemente tirarlo a la basura y tener un día de silencio mental y aburrimiento sano.

A veces pienso: tengo que subir algo porque si no me van a olvidar.

Las redes sociales nos dan acceso a referencias infinitas, visibilidad y comunidad; pero también transforman profundamente la manera en la que pensamos mientras creamos. Hoy abrir Instagram “para inspirarse” significa entrar inmediatamente a una avalancha de imágenes, procesos creativos y opiniones que no busca ser procesada de manera meditada.

El problema es que para muchísimas personas, y especialmente para artistas, desconectarse de esta mar de contenido ya no es tan simple. Es por eso, que nos pusimos en contacto con artistas en diferentes partes del mundo para hablar de como ellos desarrollan su proceso creativo en estos tiempos tan visualmente saturados.


De artistas a community managers ¿Quién soy yo?

El artista plástico peruano-español Aitor González, basado en Londres, reconoce que su trabajo gira alrededor de la memoria, archivo familiar y oralidad. Procesos lentos, investigación, escritura, conversaciones con su familia y tiempo solo en el estudio. “A veces pienso: tengo que subir algo porque si no me van a olvidar”, me dijo. “Necesito tiempo para pensar, investigar y estar solo”.

Gran parte de su proceso se basa en escribir entradas de diarios antes de empezar a dibujar o pintar. Muchas veces investigando historias familiares o intentando entender su propia identidad viviendo entre distintas ciudades y culturas. “Dibujar y pintar es mi forma de autoconocimiento”. Para él (y también para mí), la creatividad necesita tiempo, repetición y un poco de aburrimiento, mientras que nuestra vida actual rodeada de pantallas nos pide ir más rápido y mantener una proactividad tóxica disfrazada de consistencia.

Hoy muchos artistas no solo hacen arte. También tienen que grabarlo, editarlo, documentarlo, explicarlo y subirlo constantemente. En algún punto, muchos terminan convirtiéndose también en community managers de sí mismos, alimentando una marca personal en la que muchas veces ya ni se reconocen.

Lo que empezó como un espacio para compartir momentos personales ahora está completamente ligado a trabajo, contactos y visibilidad profesional.

Aitor menciona cómo Instagram terminó transformándose en algo completamente distinto a lo que era antes para él. Lo que empezó como un espacio para compartir momentos personales ahora está completamente ligado a trabajo, contactos y visibilidad profesional.

A veces entro y siento que esa persona no soy yo”, refuerza el artista. Sin embargo, le es fácil reconocer que probablemente gran parte de su carrera no existiría sin internet. Instagram le permitió conectar con galeristas, curadores y artistas fuera de Londres, algo que probablemente habría sido muchísimo más difícil hace algunos años.


Adiós a las conversaciones profundas con nosotros mismos

La filmmaker y artista digital Letao Chen, basada en Hawai, tiene una opinión bastante clara sobre la rareza del mudo en el que habitamos. “Vivir hoy ya es extraño”, dice mientras conversábamos sobre cómo internet había cambiado incluso nuestra percepción de las cosas más normales. “Hasta manejar un carro es raro si realmente te detienes a pensarlo. O poder contactar instantáneamente a cualquier persona todo el tiempo”.

Pero lo que más le interesa como artista es cómo internet ha modificado la forma en la que pensamos. “Ahora tenemos acceso a todo el mundo todo el tiempo. Y porque nunca estamos realmente solos, siento que perdimos pensamientos aleatorios y conversaciones más profundas”.

Letao me cuenta que tiene documentos llenos de imágenes, ideas y referencias que muchas veces ni siquiera vuelve a revisar después.

Abrimos Instagram buscando un video para una receta y terminamos guardando cientos más compulsivamente. Letao me cuenta que tiene documentos llenos de imágenes, ideas y referencias que muchas veces ni siquiera vuelve a revisar después.

“Empecé a escribir al lado de cada imagen por qué me gustaba y qué me atraía de ella”. Eso le permitió empezar a identificar más conscientemente qué imágenes realmente conectaban con ella y cuáles simplemente terminaban acumulándose por saturación visual. Porque el problema no es solamente consumir demasiadas imágenes. Es absorberlas tan constantemente que desarrollar una voz propia empieza a volverse más difícil.

Las redes pueden impulsarte muchísimo algunos días y destruirte otros.

Las redes pueden impulsarte muchísimo algunos días y destruirte otros. “Las ideas se sienten seguras dentro de tu cabeza, pero una vez que existen afuera se vuelven vulnerables”, decía Letao cuando hablábamos sobre cómo las redes sociales intensifican el miedo al juicio.

Eso influye directamente en la procrastinación de algunas ideas. Pensar demasiado en cómo algo será percibido puede terminar frenando el proceso antes incluso de empezar. Sin darte cuenta, empiezas a preguntarte si vale la pena crear algo que probablemente nunca vas a poder mostrar.


El lujo de desaparecer

En estas conversaciones, un punto en común fue la percepción de como el internet deja de influir únicamente en cómo compartimos arte. Empieza también a modificar el tipo de arte que decidimos hacer.

Franco Isa, director y artista 3D/VFX basado en Lima, trajo a la conversación una perspectiva mucho más desde adentro.“Hace algunos años sentía muchísima más presión por pensar constantemente qué subir o cómo mantenerme visible online. Hoy ya no tanto. Prefiero subir algo bueno de vez en cuando antes que estar publicando contenido vacío todo el tiempo”.

Pero esa tranquilidad normalmente llega después de haber construido algo primero.

Para muchos artistas emergentes… desaparecer digitalmente significa también perder oportunidades, conexiones o visibilidad. La desconexión se ha convertido en un lujo moderno.

Mientras más consolidado está un artista, más capacidad tiene de desaparecer un rato sin sentir que su carrera peligra. Para muchos artistas emergentes, en cambio, desaparecer digitalmente significa también perder oportunidades, conexiones o visibilidad. La desconexión se ha convertido en un lujo moderno.

Claramente, tuvimos que hablar sobre inteligencia artificial y saturación visual. Franco mencionó que mientras más imágenes produce internet, más importante se vuelve demostrar que realmente hubo artesanía detrás de una obra. “Hoy el detrás de cámaras casi pesa más que la pieza final. La gente quiere pruebas de que hubo trabajo real”.

También hablaba de cómo internet y la inteligencia artificial están produciendo una especie de homogeneización estética. En algún momento quiso experimentar con videos hechos con inteligencia artificial, pero rápidamente perdió interés cuando vio que muchísima gente estaba haciendo exactamente lo mismo. “Si todo el mundo está haciendo lo mismo, probablemente lo más interesante sea hacer lo contrario”.

Al final, la conversación terminó llegando a una pregunta bastante simple: ¿vale la pena crear algo sin compartirlo? Crear siempre implica exponerse un poco. Pero en tiempos donde todo necesita ser compartido, proteger cierta intimidad creativa empieza a sentirse casi como una forma de resistencia.


Después de hablar con estos tres artistas que viven en distintas partes del mundo, me quedó claro que nadie tiene una respuesta definitiva. Tampoco parece que exista una forma correcta de relacionarse con la tecnología, las redes sociales o la cantidad de información que consumimos todos los días. Lo que sí apareció una y otra vez fue la necesidad de ser más conscientes de cómo participamos en todo eso. 

Finalmente, son estas mismas plataformas las que hicieron posible esta conversación. Nos permiten encontrar referentes, descubrir trabajos que admiramos y conectar con personas que probablemente nunca habríamos conocido de otra manera. Tal vez el futuro no esté en compartir menos ni en desaparecer por completo, sino en aprender a elegir mejor qué merece nuestra atención.

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