Loro Piana bajo la lupa: la marca de LVMH es puesta bajo administración judicial por explotación laboral

Un abrigo de cashmere puede costar más de 5,000 euros. Pero en la base de esa suavidad, en el reverso del lujo, se pone en juicio otra textura: la precariedad. La justicia italiana acaba de poner en evidencia este entramado.

Loro Piana, la histórica firma de origen italiano especializada en cashmere —y una de las joyas más discretas de LVMH— ha sido colocada bajo administración judicial durante un año por un tribunal de Milán. ¿La razón? Haber fallado “culpablemente” en supervisar su cadena de suministro, lo que resultó en explotación laboral en talleres subcontratados en la periferia de la ciudad.

Aunque no enfrenta cargos penales, el fallo de 26 páginas revela que la firma habría externalizado parte de su producción a intermediarios que, a su vez, tercerizaron a fábricas clandestinas manejadas por ciudadanos chinos. Ahí, los trabajadores —incluidos migrantes ilegales— dormían dentro del mismo taller, trabajaban hasta 90 horas por semana, ganaban 4 euros la hora, y en al menos un caso, fueron agredidos físicamente por exigir su salario.

…esta serie de casos está revelando un patrón en la industria del lujo italiano: una cultura de tercerización sin control, donde las grandes marcas se benefician indirectamente de condiciones laborales abusivas.

Según el fallo, esto ocurrió incluso después de que varias casas de moda firmaran un compromiso con las autoridades italianas para evitar justamente este tipo de abusos. Por ende, el caso de Loro Piana no es aislado. Desde 2023, marcas como Dior, Armani, Valentino y Alviero Martini han sido señaladas por tribunales italianos por prácticas similares. Y aunque algunas ya han alineado sus procesos y salido de la administración judicial, lo cierto es que esta serie de casos está revelando un patrón en la industria del lujo italiano: una cultura de tercerización sin control, donde las grandes marcas se benefician indirectamente de condiciones laborales abusivas.

En palabras del tribunal, se trata de una “violación generalizada y consolidada” dentro del sistema productivo. El contraste es brutal: una chaqueta producida por 118 euros —el precio que una intermediaria dijo haber recibido de Loro Piana por pedidos mayores a 100 unidades— se vende en tienda por más de 3,000 euros.

No se trata de demonizar el margen […] sino de exigir trazabilidad real. El lujo no solo debe verse, debe sostenerse éticamente. Y eso incluye saber quién hizo la prenda, en qué condiciones y bajo qué valores.

¿Margen o trazabilidad? El silencio no es neutral

Puesto que el precio de un producto de lujo —o aspiracional— no se define únicamente por su costo de producción, sino por todo el valor construido alrededor. No se trata de demonizar el margen —que puede incluir diseño, branding, innovación, marketing, experiencia y más— sino de exigir trazabilidad real. El lujo no solo debe verse, debe sostenerse éticamente. Y eso incluye saber quién hizo la prenda, en qué condiciones y bajo qué valores.

Como bien podría decirse: el margen no es el problema. El silencio sí.

A la fecha, ni Loro Piana ni LVMH han emitido comentarios. Tampoco hay señales de que estos hechos cambien la narrativa visual de las campañas ni el imaginario de lujo asociado a estas casas. Pero ¿qué significa el lujo hoy si su base es el abuso? ¿Puede seguir sosteniéndose la promesa de exclusividad cuando se construye sobre explotación?

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