Enigma Cipriani & Sabrina Slayer: La nueva belleza y el arte del drag

Al adentrarse en el mainstream, el arte del drag ha propuesto una mirada de dramatización y exageración de los cánones estéticos.

Enigma Cipriani y Sabrina Slayer, dos drag queens peruanas que residen en el extranjero, se adentran en el mundo ilustrado por ØṖƱĿØ de Fabrizio Ricciardi, en una editorial gráfica que parte del cuestionamiento de la belleza y cómo el drag influye en la percepción de esta. 









Dirección creativa & texto Cayetano García
Fotografía Enigma Cipriani & Sabrina Slayer
Intervención Fabrizio Ricciardi / OPULO

La belleza está en los ojos de quien la mira. Reconocida frase que hace alusión al carácter subjetivo de lo que consideramos bello o estético. Filósofos a través de los años han buscado una definición correcta de este concepto. Sin embargo, hay un conjunto de artistas que están cambiando el rumbo de nuestra percepción sobre la estética hacia una en la que prima la exageración, lo no convencional y que abraza la diversidad. 

El drag está en boca de todos; su entrada al mainstream ha posicionado a este arte como elemento de referencia e inspiración para industrias que moldean la definición de lo bello. Diseñadores de moda y las más importantes marcas de maquillaje han incluido características de este arte en sus productos, rompiendo barreras de género, cánones estéticos tradicionales y haciéndolo parte de la cultura pop.

El drag, a pesar de tener en su espíritu un carácter subversivo y transgresor, ha dejado de ser una manifestación underground en su totalidad y ha empezado a construir una nueva belleza.

Al igual que las definiciones estéticas, este arte está en constante evolución. “El drag abarca toda transformación que rompe con el género y que suele exaltar o satirizar sus características, poniendo en evidencia la  performática humana. Todos nos travestimos de cierta manera todo el tiempo, con cómo nos vestimos y actuamos en diferentes ocasiones”, menciona Enigma Cipriani, una de las dos drag queens peruanas que protagonizan esta cápsula.

Enigma por Opulo
Sabrina por Opulo

Enigma nació imaginariamente como un personaje que servía como ruta de escape de un contexto homofóbico para su creador. Mediante el juego y la fantasía, nació físicamente Enigma: “el resultado de un conflicto entre una mujer reprimida por el sistema cucufato castrante y una entidad que quiere dar cabida a sus instintos lascivos y en el intermedio se contenta con performear como pavo real usando máscaras vistosas.” Inspirada en la moda de Alexander Mcqueen y el arte de Edvard Munch, considera que el drag toma referencia de todos los elementos que rodean al artista. 

Esta versatilidad que posee el drag lo vuelven una manifestación autoexpresiva muy poderosa e inspiradora. “El drag significa transgredir con un mensaje, pero que este sea digerible y que provoque entretenimiento. Una drag queen es una estatua caminando, una obra de arte en live motion, menciona Sabrina Slayer, que al igual que Enigma, reside en San Francisco. Su personaje nació en el 2016, definiéndose a sí misma como mitad kawaii y mitad banji street que retrata el poder femenino y la cultura pop. 

Sabrina por Opulo
Enigma por Opulo

Las redes sociales y su arrasador éxito han permitido dar a conocer este arte, convirtiéndose en plataformas claves para el networking para el conjunto de artistas que hacen drag. “Casi todos los que viven de algo atado a su imagen se han tenido que convertir en algo como  influencers, lo cual nos da voz pero una voz ligeramente filtrada y falsa porque las redes sociales tienen ciertos esquemas para hacer que tu contenido sea comercial”, comenta Enigma. Es este tono comercial que ha abrazado la estética drag volviéndola más y más popular, pero que muchas veces no han rendido el verdadero reconocimiento al origen de este arte: una comunidad invisibilizada y violentamente marginada. 

A pesar de que el éxito del drag en el mainstream no permita mostrar de manera cruda su carácter de protesta social, Sabrina considera que “ha permitido que la exageración de lo femenino y la dramatización de la belleza sea más válida. La gente explora más esto, se atreve a ser extra.” Como resultado, dotar de mayor subjetividad a lo que consideramos bello y estético, abriendo la puerta a la diversidad autoexpresiva y como menciona Enigma “más visibilidad y posibilidad de éxito para el artista”.

Sabrina concluye que quienes hacen drag “están siendo un punto de referencia para lo estético y bello”. Entonces podríamos afirmar que mientras evolucione el drag, consigo irán evolucionando progresivamente las definiciones de belleza. “Espero que la gente también empiece a concentrarse más en el lado interno y no solo el lado superficial de éste (el drag). Espero que las nuevas generaciones sean más conscientes que la belleza no tiene un estándar predeterminado de prototipos. Es algo que siempre se podrá seguir deconstruyendo”, afirma Sabrina. Sin duda este arte seguirá creciendo y permitiendo borrar cánones estéticos para así difuminar las líneas que privan al individuo de la experiencia de la autoexpresión.

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