Los sábados en Lima siempre están repletos de color y movimiento. Acompañamos a Rodrigo del Castillo, su libreta y curiosidad en un viaje cultural entre concept stores, talleres y galerías. Desde KA Concept Store hasta la galería Ginsberg+Tzu, mientras que conversa con los personajes que se encuentra, sobre el paso del tiempo, los colores naturales en el diseño y la capacidad de transformación.
KA CONCEPT STORE
Deben ser las 4 de la tarde cuando llego con mi libreta y mi carboncillo al concept store de Angela Kusen. Me he olvidado de almorzar… y también, posiblemente, de desayunar. Es 09 de agosto y el primer día del Open House en Cajamarca 404, Barranco donde queda KA Concept Store. Este es el primer espacio al que entro en esta ruta de sábado. Lo primero que veo, es la fotografía de Daniela Muttini. Dos modelos de espaldas, corriendo desnudos por un paisaje desértico hacia un destino incierto, usando solamente zapatilllas.

KA Concept Store está lleno de color, texturas y formas orgánicas. Me hace sentir emocionado y me recuerda a tener hambre y ver un plato de comida con colores brillantes.

Me acerco a la persona del cabello largo, que estaba dándonos la bienvenida, y le pregunto si le puedo tomar una foto a su outfit porque me encanta, especialmente sus botas. «Es casi todo thrifted« dice y después de un par de fotos, me pregunta si deseo café o agua.


Reconozco a Mina Jeri cuando entra a la tienda. Está usando púas plateadas en el cuello, y un polo naranja con un estampado fotográfico. Me acerco y le pregunto si puedo tomarle unas fotos y, sin dudarlo está posando un par de veces. «¡Ay, casi me olvido!» Dice, y aparta parte de su abrigo para mostrar el detalle escrito en la parte posterior de sus jeans y posa una vez más. Ambos reímos. Mis habilidades de fotógrafo, creo yo, dejan mucho que desear, pero me alegra haber capturado el momento. Sean ustedes los jueces.

Minutos después, estoy con Angela en su oficina, para refugiar nuestra conversación de todas las otras voces. Se ve relajada y genuinamente contenta, me hace sentir cómodo y bienvenido. Conversamos de muchas cosas, pero me quedo con algo particular que dijo:
“Nosotros como latinos somos cercanos, está en nuestro ADN, ser cercanos, welcoming, baile. La moda no tiene por qué ser sobre aparentar estatus. Estando en Colombia hace poco, recuerdo un momento en el que estaban todos vestidos de diseñador, pero bailando reguetón. Sigamos construyendo nuestra identidad en base a lo que realmente somos.”
Salimos de su oficina después de un rato y mientras caminamos, Angela exclama “¡Ay, verdad, que está Macalo! Te lo presento”. Me había mencionado cómo ella piensa que él es un prodigio del diseño peruano. Cuando llegamos a donde está, noto que está usando un sombrero de marinero negro, del cual cae una cascada de velo enrejado por detrás.

Está algo apurado, me dice, pero accede a hablar un rato conmigo. Durante la conversación, le pregunto en qué color le gustaría vivir para siempre, si tuviera que elegir uno.
“Últimamente he estado muy orientado a esos colores. Por muchos años trabajando en negro y grises, y ahora que me mudé a Bélgica, estudiando allá con otra metodología, me empujaron a otra dirección. Mis decisiones han cambiado drásticamente. Me siento muy yo.”
Me interesa saber cómo se siente, y qué opina del Open House.
“Increíble. Me encanta estar en Lima. Angela me ha ayudado mucho y volver a su espacio es encontrarme con gente que me ha ayudado, y me hace feliz, dentro de todo el caos.”
Digo que debe ser un contraste muy grande el pasar de Bélgica a Lima.
«Si…pero igual, donde sea que esté, yo elijo divertirme.«
Y me quedé sosteniendo esa frase hasta ahora. Me hace pensar en lo mucho que admiro la adaptabilidad, y parece ser que lo adaptable es un tema recurrente el día de hoy. Será que estamos dando en el clavo, y que, en efecto, estamos tomando la decisión correcta.
CASA NENA
En el jardín que conecta cada espacio, un grupo de personas conversan y se ríen mientras toman sorbos de sidra. Estoy en búsqueda del espacio de Casa Nena, de Sharon Portocarrero, tambien en Cajamarca 404 de Barranco. Me hace ilusión ver la propuesta de Sharon, porque no pude ir a la inauguración del espacio, ni ver el desfile en persona. Es la primera colección de su proyecto. La ha llamado “Lucero del Sur”.
El espacio de Sharon tiene una frescura acompañada de mucha calma. La saludo muy emocionado, y me explica que todas sus piezas están desarrolladas a mano, los pliegues y recogidos son todos distintos, orgánicos y únicos.

Me llama mucho la atención que toda la colección está hecha en blanco, hueso y cremas. Le pregunto si sabía que Givenchy también comenzó su primera colección utilizando blanco exclusivamente. Sharon se ve interesada por el comentario, y me cuenta que quería empezar con un lienzo en blanco al volver a Perú, después de tantos años en el extranjero. Comento que, para mí, la elección de colores naturales suele significar un descanso del caos. Pienso en cómo el color con el que nos rodeamos y vestimos tiene una influencia enorme en nuestras vidas. Me sorprende cuando dice que el verde limón es un color que le atrae mucho, y que le encanta ver. Tampoco es el color que me habría imaginado, escogería.
“Te voy a ser sincera, ese color no lo usaría JAMÁS, ni en mi ropa ni en una colección, pero si me preguntas: ‘¿Nena, cual es tu color favorito?’ El verde limón. Me encanta verlo en otras cosas que no sea yo. Es jovial, me da verano. Me hace pensar en movimiento y en conectar…”
Le pregunto qué es lo que más la obsesiona hoy en día y me cuenta de su amor por caminar por el centro de Lima y descubrir cosas nuevas, de su predilección por lugares que rechazan la congruencia excesiva y la monotonía.
“Puedes estar comprándote cualquier cosa que necesites, y a la vez te puedes estar comiendo una papa rellena, y siento que eso refleja lo que somos.”
Después de compartir un par de anécdotas sobre el centro, llegamos a una conclusión: “¡Las posibilidades son infinitas!» Decimos los dos.
Al medio de Casa Nena hay una mesa con joyería de Astria. Las formas son orgánicas y decididas, y las piezas están exhibidas sobre piedras. Serpientes, pumas, el sol y la luna, tienen un elemento esotérico y misterioso.

María, la novia de Sharon, con un corte de pelo increíble, llega con una sonrisa brillante y yuquitas para compartir en pequeñas bolsas de papel.
“¡Estas son con azúcar, y estas son sin azúcar!” Dice, y solamente pienso: Mi salvación.
Y, sin darme cuenta, estamos todos sentados en el piso de Casa Nena conversando un rato, y, entiendo por las risas y confianza, que la frescura del espacio no estaba solamente en la decoración y las piezas de la colección.

VALENTINA MAGGIOLO Y AILEEN GAVONEL

Me sentía algo cansado ya, cuando me acerqué a la puerta del estudio de la artista Valentina Maggiolo, que está compartiendo con Aileen Gavonel durante el Open House. Los colores de las pinturas se sienten sólidos y reales de una forma familiar, pero, al mismo tiempo, de una forma que no he experimentado antes.

Veo a Valentina hablando con dos amigas, tienen un perrito con un suéter tejido de color verde. Hacemos contacto visual. Cuando sus amigas se van, me acerco a Valentina. Su sonrisa es contagiosa y sincera. Te hace sentir inmediatamente cómodo en tu propia piel. No puedo evitar mostrar mi entusiasmo por su trabajo, específicamente el color.

Le hablo de mi pasión por las cosas que parecen golpeadas por el paso del tiempo, presentes aún, pero en proceso de metamorfosis. Valentina dice que trabaja con el tiempo. Habla de su interés por la permanencia de las pinturas rupestres, por cómo los pigmentos de las pinturas más antiguas permanecen sobre la piedra. Me habla de su experimentación e investigación de pigmentos minerales y me muestra los estantes donde está su material de trabajo. Menciona que estamos en su estudio, y que lo ha arreglado para el Open House, incluso ha escondido su caballete afuera. Como soy un nerd que ama escuchar sobre procesos, me fascina que me explique lo largo y laborioso que es crear sus propios pigmentos, y también cuando habla del efecto del pigmento sobre la roca, sobre cómo se adhiere, como transforma la superficie misma, y se vuelve imposible de separar o pelar a menos que rompas la roca misma. Me quedo con esa idea por un buen rato, la idea de color que transforma la materia para siempre.

Sobre una mesa larga, hay unos pañuelos hechos de porcelana con los bordados pintados, hechos por Aileen Gavonel. Son de las cosas más fantásticas que he visto nunca, y hablan directamente al recuerdo de un yo pequeño, añorando ver y tener cosas hermosas. El hacer de lo cotidiano algo mágico de esa manera resuena profundamente.

Entra alguien a comprar una de las tazas que comparten la mesa con los pañuelos. Por un momento, sostiene una en particular de un color amarillo avejentado.
“Tu que tienes ojo de artista…” Le dice a Valentina “¿Cuál me recomiendas?”. Valentina la anima a dejarse sentir y escoger a la que ella gravitó naturalmente. Sonrío.
GINSBERG + TZU: Garúa y Ocaso
Salgo apurado de Cajamarca 404 y Llego a la galería en Miraflores a eso de las 6:40pm. Ginsberg+Tzu cierra a las 7:00 p.m. Aún no he comido nada –excepto por esas yuquitas salvadoras de María. Pero decidí comprar un canelé en el café que está en la entrada. Ya no hay nadie adentro, estoy solo con la exhibición y el silencio.
La muestra se llama “Garúa y Ocaso” y reúne el trabajo de artistas que exploran la idea de desafiar la percepción.
La pieza que mejor conozco, y que tengo pensado ver primero, es la fotografía de Saleta Rosón que muestra un espacio arquitectónico en proceso de deterioro, olvidado, lleno de dunas de arena que han ido inundando todo el edificio con el tiempo. Es una fotografía a la que regreso desde hace mucho, y encontrarme con ella sin nadie alrededor, a esa escala y no en mi celular o pantalla de laptop, era lo que necesitaba, sin saberlo, y me alegra haber llegado a esta hora.

Camino por la sala y me encuentro con las piezas de Andrea Grau, el fondo profundo y sereno, interrumpido por las espirales magentas. Veo el trabajo de Michelle Prazak, lo tridimensional que se ven siendo realmente objetos planos, las piezas de Neira Pérez con esos colores tan imposiblemente profundos alcanzados solamente con procesos y recursos naturales, y me pongo a pensar en todo lo que he escuchado hoy sobre la vida y el color, sobre el tiempo y sobre las ideas de transformación.

Se me ocurre, que para ver más allá de lo que está frente a nosotros, algo debe transformarse y adaptarse. Salgo de la galería feliz y con el corazón lleno, pero ahora, realmente tengo que encontrar algo para cenar.
