¿Diseño Latinoamericano en The Devil Wears Prada 2? Cómo una marca peruana entra al sistema global de la moda

¡Alerta de Spoiler! La firma peruana Balkanica consolida su proyección internacional con una aparición clave en una de las películas más influyentes de la industria de la moda global.

Conversamos con la directora creativa de Balkanica, Tania Jelicic, y con la directora comercial, Micaela Egúsquiza, sobre el proceso detrás de llegar a la pantalla grande y lo que significa esto para otras marcas de la región.

No empieza con la película. Empieza mucho antes. Entrar a The Devil Wears Prada 2 puede parecer un momento de visibilidad, pero en realidad es el resultado de algo más estructural. Relaciones que se construyen con el tiempo, un lenguaje visual claro y la capacidad de sostener una identidad dentro de un sistema que no perdona inconsistencias.

El equipo detrás de Balkanica: Milena Said, Tania Jelicic y Micaela Egúsquiza

Si estás leyendo esto, probablemente sabrías diferenciar exactamente el azul cerúleo del resto. Y es que los estilos mostrados en la primera entrega de The Devil Wears Prada forman parte del léxico popular de quienes aman y habitan la industria de la moda desde hace años.

Existe una relación bastante estrecha entre el cine y la moda, ambos nutriéndose mutuamente para crear personajes sólidos y piezas reconocibles. Y en la ya icónica secuela de la película, el diseño latinoamericano se hace presente.

Un accesorio de la marca peruana Balkanica aparece en la escena final de la película a través de su emblemático Detachable Collar, llevado por Emily Blunt en su regreso como Emily Charlton. Lejos de sentirse como un simple gesto de styling, la pieza opera como una extensión del personaje. El cuello estructura la silueta, enmarca el rostro y aporta una presencia arquitectónica que acompaña la evolución de Emily dentro de la historia. Fiel al ADN de la marca, el Detachable Collar presenta un exterior negro, sobrio y preciso, contrastado con un interior intervenido con prints inspirados en iconografía prehispánica peruana. 

El vínculo entre Balkanica y los responsables detrás de los looks de la película, los diseñadores de vestuario Molly Rogers y Danny Santiago, comenzó años antes del estreno de The Devil Wears Prada 2. Durante Miami Swim Week 2022, Rogers y Santiago descubrieron la marca mientras trabajaban en el vestuario de la serie And Just Like That… “Molly y Danny pasaron por nuestro stand, vieron las piezas, tomaron fotos e intercambiamos contacto. Meses después empezaron a escribirnos desde el equipo de vestuario”, recuerda Tania Jelicic, directora creativa de Balkanica.

Aquella relación terminaría llevando piezas de la firma peruana a personajes de la secuela de Sex and the City. Pero el verdadero salto llegó cuando Molly Rogers volvió a contactar a la marca para The Devil Wears Prada 2.

La actriz Karen Pittman en Balkanica durante el episodio 5 de la temporada 2 de ‘And just like that’.

Balkanica envió alrededor de doce piezas desde Lima hacia Estados Unidos. Como ocurre en producciones de esta escala, nada garantiza su aparición en pantalla. El proceso pasa por fittings, ajustes, rodaje y edición final. “Lo aprendimos con el tiempo. No se trata solo de enviar producto. Se trata de construir relaciones a largo plazo y tener un lenguaje visual lo suficientemente fuerte como para que un diseñador de vestuario reconozca las piezas como herramientas narrativas”, explica Jelicic.

Balkanica ha construido un posicionamiento desde la consistencia visual a través de los años. Sus prints inspirados en culturas prehispánicas, las siluetas fluidas y piezas como el cuello desmontable forman parte de un código reconocible que la marca ha mantenido desde Lima hacia mercados internacionales. Para Micaela Egúsquiza, directora comercial de Balkanica, ese ha sido precisamente el punto de entrada hacia plataformas globales. “La industria internacional no está buscando más productos. Está buscando marcas con un lenguaje propio y coherente. Buscan marcas con un código reconocible”, comenta.

La marca entiende el posicionamiento internacional no como una traducción o neutralización de su identidad, sino como la posibilidad de expandirse sin perder coherencia. Esa visión les ha permitido entrar en conversaciones que cruzan moda, cine y cultura popular. Como lo ha hecho la secuela de The Devil Wears Prada.

Más allá de la visibilidad que implica aparecer en una película de Hollywood, el momento representa algo más amplio para la moda de la región: la capacidad de insertar diseño local dentro de narrativas globales sin diluir el origen ni la identidad. Además, evidencia una atención cada vez mayor por parte de quienes moldean el gusto global de la moda hacia las propuestas latinoamericanas. 

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