La capital antioqueña demostró que para ser una capital de la moda no bastan los desfiles; hay que tomar la ciudad entera, con su caos, su gente y su industria.
Por Itzari Briceño
Olvídate de los distritos de moda exclusivos o de las pasarelas confinadas a espacios blancos e impolutos. Si algo nos sigue enseñando Colombiamoda, es que su poder reside en devorar una ciudad entera. Medellín no es solo una sede; es el escenario, el protagonista y el ecosistema completo.
Con 60 mil asistentes de 50 países y una derrama económica de 17,7 millones de dólares, la edición número 36 de la feria consolida un mensaje claro: hay una nueva capital de la moda en ascenso, y esto es mucho más que un simple evento para Instagram.
Este año, la elección de la icónica Plaza Botero para el desfile inaugural fue especialmente potente y marcó el esperado regreso de Agua Bendita a Colombiamoda tras una década de ausencia.
Recuerdo mi experiencia en esa misma zona el año pasado: en un intento por moverme como un local, terminé en una calle donde la realidad golpeaba de frente y sin filtros —con escenas que hablaban de la vulnerabilidad social y los retos que aún persisten en el centro de la ciudad. Hay que decirlo: el turismo de aventura en esta parte de Medellín no es para cualquiera. Por eso, ver a la moda reclamar este año un espacio tan complejo y popular es casi un manifiesto. Es tomar la ciudad y decir: “oye, lo caótico no se evita; se habita y se transforma”.
LA CIUDAD ES LA VERDADERA PASARELA
La gran lección de Medellín es su descentralización. La agenda de Colombiamoda se desbordó intencionadamente de Plaza Mayor (el icónico recinto donde se realiza la feria cada año) para activar locaciones por toda la ciudad, desde Parques del Río hasta la Biblioteca Belén. Ya en la edición 2024 me sorprendió descubrir que los desfiles no se confinaban a un único recinto, sino que te invitaban a explorar Medellín a través de activaciones repartidas por toda la ciudad.
Este año, esa idea no solo se repitió: se consolidó y se elevó. El resultado es un circuito urbano, donde la moda actúa como motor cultural y turístico palpable. Se siente en las calles, en las conversaciones con los taxistas, y confirma que, cuando se integra, la moda tiene el poder de revalorizar y resignificar espacios.
LA OLA ANTI-WOKE Y EL RUIDO EN REDES
Aunque no estuve presente, el eco digital fue claro y la conversación más candente giró en torno a una aparente regresión. El tema dominante fue la vuelta a los cuerpos normativos y hegemónicos en las pasarelas. Pareciera que la ola global “anti-woke” está empezando a influir en el casting, un paso atrás en la diversidad que ya se creía ganada.
Pero las reflexiones del reconocido diseñador colombiano Jorge Duque, me confirmaron que estas no solo eran las típicas quejas de redes sociales, sino que fue una sensación palpable en esta edición.
@jorgeduquevelez Reflexiones post Colombiamoda… lo que vi, lo que me gusto, lo que pienso y más #colombiamoda2025 #jorgeduque #jorgeduquevelez #hechoencolombia #madeincolombia ♬ original sound – Jorge Duque
En su TikTok, Duque fue contundente al diagnosticar el conflicto central de la feria: la tensión entre la industria real y el “show” superficial. Señaló la falta de diversidad como la gran mancha de la edición y criticó la desconexión de influencers que prefirieron lucir marcas de lujo europeas en lugar de apoyar el diseño local –una feria que promueve la moda local, invadida por la necesidad de validación global.
La moda aquí no es solo diseño; es maquila, empresa y procesos poco glamorosos que garantizan que las colecciones lleguen a las tiendas.
EL NEGOCIO NO SE DETIENE (Y ESO ES LO QUE IMPORTA)
Y aquí es donde Colombiamoda demuestra su verdadera fortaleza. Lejos del ruido digital, está la columna vertebral del evento: la industria. Dentro de Plaza Mayor conviven tecnología textil, fabricantes y, lo más importante, 11 mil compradores listos para cerrar tratos.
Son 650 marcas expositoras las que sostienen la feria. La moda aquí no es solo diseño; es maquila, empresa y procesos poco glamorosos que garantizan que las colecciones lleguen a las tiendas. La lección para el resto de Latinoamérica es clara: sin una industria organizada, la creatividad no es sostenible.
…no se trata de copiar las tendencias, sino en aprender a organizar el talento, dejar los egos a un lado y, sobre todo, entender que la moda más poderosa es la que se atreve a salir de su burbuja.
Colombiamoda 2025 fue un evento de hermosas contradicciones. Por un lado, una maquinaria de negocios perfectamente engrasada y una celebración cultural que se apropia de su ciudad con orgullo. Por otro, los ecos de un debate global sobre la inclusión y la superficialidad.
Pero su gran triunfo es precisamente ese: existir en ambos mundos y provocar la conversación. Demostrar que se puede construir una industria sólida y relevante sin perder el alma de la calle… y quizás, la lección más grande para el resto de Latinoamérica; no se trata de copiar las tendencias, sino en aprender a organizar el talento, dejar los egos a un lado y, sobre todo, entender que la moda más poderosa es la que se atreve a salir de su burbuja.



