¿Y si el próximo circuito del arte latinoamericano empieza en una pollada en Comas? Nace CHOLERIO en Comas: un laboratorio artístico itinerante que desafía el circuito contemporáneo desde la periferia limeña.
Este sábado 19 de septiembre, en Collique, Comas, nace un nuevo laboratorio de creación e investigación alrededor de la imagen, la moda y las artes visuales latinoamericanas. Y aunque podría parecer otro espacio cultural que aparece fuera del circuito tradicional limeño, su ambición resulta bastante más interesante.
CHOLERIO no parece querer entrar necesariamente a ese circuito. Más bien, busca construir otro. Uno que comienza desde un lugar que durante décadas ha producido cultura sin necesitar que nadie la bautice como tal: la periferia.
Su primera activación reunirá fotografía, proyecciones multimedia, música de artistas emergentes del Cono Norte y una muestra de Héctor Villalobos, aka La Variante Chola, artista visual peruano cuya práctica cruza la moda y el documental, y que actualmente forma parte de una exposición colectiva en Ámsterdam.
Mucho antes de que habláramos de crowdfunding, creative grants y cenas benéficas, en Perú ya sabíamos financiar colectivamente un proyecto poniendo pollos sobre una parrilla. Porque el gesto que mejor explica de qué va CHOLERIO es eso: una Gran Pollada Conera que ayudará a financiar lo que venga después. Y a eso, le llamamos infraestructura cultural.
Comas no como periferia, sino como punto de partida
Cuando hablamos de descentralizar el arte en Lima, muchas veces seguimos haciéndolo desde el centro.
La periferia aparece como aquello que debemos “visibilizar”, “integrar” o finalmente llevar hacia los espacios donde supuestamente sucede la cultura. El problema es que esa lectura continúa colocando el centro como punto de referencia: «algo se vuelve relevante cuando logra entrar.»
CHOLERIO propone invertir esa dirección. El proyecto nace en el Cono Norte, pero se plantea desde el inicio como una plataforma nómada que busca desplazarse por distintas coordenadas de Latinoamérica, articulando artistas, manifestaciones estéticas, cultura popular urbana y saberes que históricamente han quedado fuera de los espacios tradicionales del arte.
Por eso importa que su primera dirección sea Santos Chocano 560, Collique, Comas. No como una escala previa antes de “llegar” a Miraflores, Barranco o San Isidro, sino como el lugar desde el cual comienza el recorrido.
La diferencia puede parecer semántica, pero no lo es. Porque una cosa es llevar cultura a la periferia y otra muy distinta es reconocer que la cultura ya estaba ocurriendo ahí.
Héctor Villalobos (@lavariantechola) presentará una muestra fotográfica acompañada de proyecciones multimedia. Según la información compartida por CHOLERIO, el artista participa actualmente en una exposición colectiva en Ámsterdam y continuará posteriormente una ruta internacional con muestras programadas en Argentina, Paraguay y Brasil.
Y acá hay algo que nos interesa particularmente. Estamos bastante acostumbrados a contar las historias de artistas latinoamericanos siguiendo una trayectoria casi automática: Lima → Latinoamérica → Europa → validación. Como si el objetivo final siempre fuese salir. Pero ¿qué pasa cuando dejamos de leer el mapa en una sola dirección?
Que un artista pueda estar exponiendo en Ámsterdam y regresar a presentar su trabajo en Collique antes de continuar hacia otros países de la región plantea una geografía cultural bastante más interesante. Europa deja de funcionar necesariamente como destino final y Comas deja de ser únicamente el lugar del que uno parte.
Son simplemente distintas coordenadas de una misma práctica. Aquí una pista de cómo podría verse un circuito latinoamericano menos obsesionado con reproducir las mismas jerarquías geográficas que lleva décadas cuestionando.
La pollada como modelo de autogestión
Y entonces llegamos al pollo. La inauguración de CHOLERIO incluirá una Gran Pollada Conera. El ingreso a la muestra será gratuito y quienes asistan podrán colaborar comprando en la pollada, cuya recaudación servirá para financiar futuras paradas y activaciones del proyecto.
La propia organización la define como una dinámica de autogestión comunitaria y resistencia económica popular. Pero incluso sin cargarla de teoría, el mecanismo resulta bastante elocuente.
En Perú, una pollada nunca ha sido simplemente una forma de vender comida. Ha servido históricamente para reunir dinero frente a una necesidad concreta: una operación, una deuda, un viaje, una celebración, un proyecto. Es una tecnología popular de financiamiento colectivo que existía mucho antes de que necesitáramos ponerle un nombre en inglés.
Trasladarla al contexto artístico puede parecer irreverente precisamente porque estamos acostumbrados a imaginar ciertas formas de financiar cultura como más sofisticadas que otras.
Una gala puede recaudar fondos para una institución cultural y nadie cuestiona su lugar dentro del sistema del arte. Entonces, ¿por qué una pollada no podría hacer exactamente lo mismo? CHOLERIO parece disfrutar de esa fricción.
CHOLERÍO recién comienza y su anunciada ruta regional tendrá que construirse parada por parada. Pero su punto de partida ya plantea una idea que vale la pena observar: tal vez descentralizar la cultura no consista únicamente en llevar el circuito hacia nuevos territorios. Tal vez también implique dejar de asumir que existe un solo circuito al que todos deberían querer entrar.

