Bondage Factory: Rodrigo Cabrera sobre la sensualidad de la autoexpresión

¿Cuánto es suficiente sensualidad masculina? ¿Acaso aquello lo delimita la sociedad? O ¿Son límites más internos los que uno se pone en cuanto a qué tan sensual se debe, o se puede, ser? El disfrute de nuestras peculiaridades puede llegar a ser catártico y Rodrigo Cabrera es un ejemplo de ello.

Alonso Mujica y Coraima Valdez retratan a Rodrigo en una historia que cuestiona la sensualidad del hombre, a través de detalles que crean sensaciones y que conforman las diferentes partes de la historia. «Bondage significa esclavitud, sumisión, ataduras. Pero Rodrigo Cabrera no habla de eso, sino de todo lo contrario y sobre todo en el contexto en el que se está creando la marca. Sabemos cómo es Lima con respecto a temas tabú y esto es como una metáfora, pues habla de una liberación y no necesariamente de una liberación física, sino interna», nos cuenta Alonso. Para Coraima, «es interesante ver lo cómodo que se puede sentir un chico con su sensualidad. Conocer a Rodrigo me ha permitido reflexionar sobre eso y darme cuenta que cualquier hombre puede ser sensual, pero simplemente somos nosotros los que decidimos no serlo».

Intro Majo Mundaca Zagal
Entrevista & Texto Cayetano García

Fotografía Alonso Mujica
Dirección de arte Coraima Valdez

Dominación. Sadomasoquismo. Fetiches. Términos que para muchos suenan ajenos y que con temor crecen en nuestros cerebros. Vivimos en una sociedad que sataniza lo diferente, pero que a la vez, disfruta del morbo que esta podría traer. Una sociedad que es inevitablemente curiosa, pero que mira con repudio a la expresión sexual en cualquiera de sus formas. La verdad es que no existe lo “normal” cuando hablamos de sexo e identidad, lo que existe es el goce de la autoexpresión en ellos. De esa manera, hay quienes buscan romper estas cadenas que encarcelan el descubrimiento de nuestro propio placer y de nuestros cuerpos.

Rodrigo Cabrera es el director creativo de Bondage Factory, una marca de lencería y de piezas bondage que sirven, en palabras de su creador, como una herramienta muy potente de expresión. Proveniente de una ciudad muy pequeña en Cusco, algo conservadora pero paradójicamente para él, fuente de arte, belleza y cultura. Rodrigo creció rodeado de arte, siendo el cine y los diseños de las portadas de cassettes y vinilos de su padre, sus principales referencias hasta el día de hoy. Siempre se encontró apasionado por la moda, por lo que esta curiosidad, y sus ganas de aprender sobre la relación intrínseca entre la moda y el cuerpo humano, lo lleva a crear Bondage Factory. “Iba en busca de un proyecto con personalidad e identidad donde la gente se pueda sentir libre y feliz con su cuerpo”, nos cuenta.

Sin embargo, al buscar la definición del término bondage, podríamos rápidamente asociarla con conceptos de ataduras y de encarcelamientos forzosos. Para Rodrigo, es todo lo contrario de lo que ésta práctica y sus prendas buscan lograr. Escapándonos de estos términos de inmovilización y utilización de cadenas, podríamos encontrar una mayor libertad y lo diverso que puede ser el ser humano cuando de placer se trata.

Inspirado por su pasión de investigar sobre las expresiones artísticas y el arte, Rodrigo encuentra mucha belleza aún por explorar en cuanto al cuerpo humano. La sensualidad de la anatomía en las obras de Bob mizer, Donna Troppe, David Leddick o en las ilustraciones de George Quaintance y Tom of Finland, estimulan al director creativo al momento de componer sus piezas.

En todas sus formas, la moda ha servido como herramienta de protesta e identificación para el ser humano. Si bien actúa en muchos casos como una segunda piel o un accesorio; el poder de una prenda, en especial en un país tan conservador como el Perú, se vuelve más potente aún.

El propósito de las piezas de Bondage Factory buscan el cuestionamiento constante de las imposiciones de esta sociedad en la que vivimos. “Somos libres, seámoslo siempre”, menciona Rodrigo, quien señala que el principal objetivo de su marca es romper con los estereotipos impuestos sobre género, masculinidad y feminidad.

La diversidad del género y cómo esta se expresa a través de las prendas es realmente particular en el caso del bondage. “La masculinidad y su aspecto va evolucionado década tras década, poco a poco los hombres se atreven más al vestirse y en explorar su cuerpo y su sexualidad. Muchos salen de su zona de confort para sentir nuevas sensaciones olvidándose de los prejuicios”, considera Rodrigo. Pero, nuestra ciudad ¿podría estar preparada para una marca como Bondage Factory? Al vivir por un tiempo fuera del país, Rodrigo tuvo la oportunidad de explorar sociedades más tolerantes a la expresión de la sexualidad y de la diversidad que esta implica, y en la que “pude darme cuenta del contraste comparado a Lima, pero aún así, siento que en esta ciudad hay cada vez más gente que se suma a hacer cosas que quizás no muchos puedan llegar a entender. Todos somos diversos en distintas formas y la gente debe entender eso.”

Diversidad fue un término que curiosamente dio vueltas en mi cabeza al entrevistar a Rodrigo. Uno que se llega a incorporar ahora a los primeros términos que mencioné al inicio de esta nota. Aún nos encontramos en una sociedad que constantemente niega la belleza de lo diverso, y que en especial, niega el goce del ser humano: las formas de sentir placer y de nuestra experiencia al autoconocimiento. El bondage y las prendas de Bondage Factory podrían permitirle al ser humano abrazar su identidad y auto expresarse como quiere. Porque como señala Rodrigo, “la vida tiene millones de cosas por descubrir y explorar, qué aburrido sería no poder hacerlo.”

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