Fotografía de Alexander Pérez y Angela Kusen para Vogue México
Un recorrido en tren por Cusco, Puno y Arequipa fue el punto de partida de la historia que la peruana Angela Kusen desarrolló recientemente para Vogue México. Junto a fotógrafos y creativos del país, la estilista buscó reunir en una misma edición la amplitud de paisajes y personajes que muchas veces queda fuera de la imagen internacional del Perú.
Por Valeria Mesia
“Tenía ganas de mostrar todos los paisajes espectaculares que el Perú puede tener”, cuenta. “A veces te cierras en Cusco o en algo muy local y no ves toda la amplitud del paisaje”. La propuesta, inicialmente pensada como una editorial de portada para Vogue Mexico, terminó creciendo hasta formar parte de una edición que reunió a distintos fotógrafos, artistas y creativos peruanos, con historias realizadas en ciudades como Lima, Huanchaco y Trujillo.
Más que presentar una única visión del país, el proyecto evidenció algo que Kusen considera necesario: ampliar las referencias desde las que se cuenta el Perú. “Está bueno que la gente entienda que hay diversidad en las regiones del país. Hay muy buen diseño y hay muy buen talento”.
El interés internacional por Latinoamérica ha aumentado durante los últimos años. Las grandes publicaciones buscan fotógrafos, diseñadores, artistas y locaciones de la región, atraídas por lenguajes visuales que se sienten diferentes a los de los mercados que dominaron tradicionalmente la industria.
Para Kusen, esa diferencia no se limita a una estética reconocible o al uso del color. Está relacionada con la manera en la que los latinoamericanos han aprendido a crear dentro de contextos llenos de contrastes.
“Hemos crecido en medio de caos, texturas, ruidos, colores, de un montón de información”, explica. “Además están nuestras propias vivencias, el núcleo familiar y cuáles fueron nuestros orígenes. Cada vivencia lo vuelve mucho más rico para expresar”.
“Tenemos sangre en las venas”, añade. La frase habla de energía, movimiento y una relación más directa con las emociones.
Sin embargo, la creciente visibilidad de la región convive con una contradicción: muchos de los talentos celebrados internacionalmente tuvieron que marcharse para acceder a las plataformas donde hoy son reconocidos. El problema no está en la falta de creatividad, sino en todo lo que debería existir a su alrededor. En países como el Perú todavía son escasos los medios especializados, las tiendas, los clientes, los fondos y los espacios capaces de generar trabajo continuo para fotógrafos, estilistas y diseñadores.
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“En Perú faltan sistemas”, afirma. “Faltan revistas, medios de comunicación, más espacios de venta y de distribución y desarrollo de talento”.
Esta ausencia también explica por qué tantos creativos dependen de proyectos personales. Las imágenes pueden circular, llamar la atención de publicaciones extranjeras e incluso construir una carrera, pero no siempre se traducen en ingresos estables dentro de sus propios países.
Podemos tener un montón de escuelas y un montón de egresados, pero ¿dónde trabajan?
La formación, por sí sola, tampoco resuelve el problema. Abrir más escuelas puede producir nuevas generaciones de profesionales, pero no necesariamente una industria preparada para recibirlas. “Podemos tener un montón de escuelas y un montón de egresados, pero ¿dónde trabajan?”, pregunta Kusen. “Eso es lo que falta: infraestructura para que pueda ser sostenible”.
Mostrar más imágenes del Perú es apenas el primer paso, y quizás el más fácil. Al final, lo que Kusen propone no es solo una nueva forma de fotografiar al Perú, sino una nueva forma de mirarlo. No es reducir el país a un paisaje postal ni a una sola ciudad, sino entenderlo como un territorio de posibilidades. Y con proyectos como el suyo para Vogue México, queda claro que la falta de talento en el Perú nunca fue el problema. El problema es algo más estructural, y que por ello resulta más incómodo de nombrar.
Mientras el mundo siga celebrando a los creativos latinoamericanos solo después de que cruzan una frontera, seguiremos exportando talento en lugar de construir industria. Proyectos como los de Angela no solo abren una ventana hacia afuera: también abren un espejo hacia adentro.

